No se deje de nadie

publicado a la‎(s)‎ 14 abr. 2015 7:29 por Alejandro Esteban   [ actualizado el 14 abr. 2015 8:06 ]
Por Victoria Cadavid

Hace unos años, mientras me dirigía hacia mi casa alguna vez escuché una conversación que me pareció muy interesante. Una madre muy joven hablaba con otra sobre el carácter de su hijo, que no debía tener más de 2 años. Ella hablaba con orgullo de lo despierto y obediente que era su hijo enfatizando que era un niño que no le daba ningún problema, sin embargo lo que verdaderamente me llamó la atención es que en un momento ella paró y lanzó una frase que parece estar arraigada en lo más profundo de las células de una gran mayoría de personas en mi país.

Luego de hablar maravillas sobre el carácter de su pequeño esta madre contundentemente dijo, “pero yo si le voy a enseñar a mi hijo a que no se deje de nadie”. Esa frase taladró mi cabeza y hasta el día de hoy no ha dejado de cuestionarme, ya que la he oído repetirse por años como si hiciera parte de nuestra herencia o nuestra tradición como sociedad.

Muchas veces me pregunto a qué se refería esa mamá exactamente… ¿Para qué quería preparar a su hijo? ¿Es realmente tan hostil la realidad de un niño de 2 años como para que tenga que vivir preparado para no dejarse de nadie?

Yo sí creo que es necesario que los niños aprendan a cuidar de sí mismos, que tengan confianza suficiente para hablar de todo lo que les pasa incluso frente a amenazas y manipulación, y que sepan identificar todo aquello que representa riesgo para su vida y su integridad. Que eviten exponerse a cosas peligrosas e inconvenientes. Que sepan decir no y huir de las situaciones que los ponen en riesgo o contradicen lo que se les ha enseñado en su casa. Que desarrollen consciencia y carácter para defender sus convicciones y vivir de acuerdo con sus valores.

Yo estoy plenamente consciente de que vivimos en un mundo hostil, injusto, peligroso y extremadamente desafiante, que requiere seres humanos conscientes de sí mismos y de lo que los rodea, con carácter suficiente para defender sus convicciones, honrar sus valores y decir no cuando tengan que hacerlo, sin embrago creo que esa necesidad de estar preparados para “no dejarnos de nadie” lejos de servir como un mecanismo para que los seres humanos aprendamos a cuidar de nosotros mismos nos ha convertido en personas egoístas, crueles y violentas, incapaces de actuar de forma altruista ya que sentimos que hacer algo desinteresado por los demás es como sacrificar nuestro bienestar y eso sería “dejarnos de los demás”.

Lamentablemente hemos construido una cultura en la que hacer lo correcto es sinónimo de ser tonto, actuar de forma desinteresada en favor de los demás es sinónimo de no tener carácter e incluso consideramos que las personas que no van detrás de lo que quieren, a costa de lo que sea, son personas condenadas al fracaso.

Esta cultura de no dejarse de los demás nos ha convertido en conductores frenéticos, que usan la bocina en los semáforos y en las señales de alto, cuando les parece que el carro de adelante se está demorando mucho. Aceleramos cuando el vehículo del frente nos pide la vía, no toleramos que el carro de adelante le de paso al peatón o frene cuando el semáforo está en amarillo, hacemos doble fila en los cruces y nos quejamos con ira e indignación si alguien nos reclama, porque desde luego, no nos podemos dejar…

Vivimos en una sociedad que celebra la ilegalidad como sinónimo de astucia pero se indigna cuando alguna de esas acciones ilegales toca nuestra propia carne. Una sociedad decidida a defender con uñas y dientes lo propio, pero con una absoluta inconsciencia de lo colectivo… Es como si lo de los demás por el solo hecho de no ser mío, ya representara algún tipo de amenaza contra mis intereses.

Nos quejamos de la corrupción pero vivimos en ese mismo afán de beneficio individual que impulsa a los corruptos a hacer mal uso de los recursos públicos. Creo que esa necesidad de beneficio propio nos ha convertido en ciudadanos ciegos, indolentes, incapaces de ver la necesidad del otro. Es como si el respeto, la tolerancia, la consideración hacia los demás y el altruismo fueran sinónimos de pusilanimidad ya que esas son actitudes que nos convierten en personas que “se dejan de los demás”.

Esta forma de pensar, este estilo de vida defensivo tristemente nos condena a sentirnos amenazados permanentemente y a fracasar en cualquier proceso de negociación ya que siempre estamos buscando el mayor provecho para nosotros sin importar si el otro sale perjudicado o no.

Esta forma de pensar nos ha convertido en expertos en el arte de excusarnos y argumentar, con tal de no reconocer que estamos equivocados y que el otro posiblemente tenga la razón. Hacemos uso de todo nuestro talento (y sí que somos talentosos) para encontrar los motivos por los cuales la culpa siempre es del otro.

Pero mi pregunta es… ¿Que podría pasar si en lugar de ser esas personas que no se dejan de nadie, nos convertimos en personas conscientes de que los demás tienen puntos de vista diferentes y válidos y dejamos de sentirnos obligados a tener siempre la razón? ¿Qué podría pasar si en lugar de vivir a la defensiva para no dejarnos de nadie, aprendemos a cuidar de nosotros mismos con consciencia de los riesgos pero con más consciencia aun de que estamos rodeados de otras personas a las que podemos afectar con nuestro comportamiento? ¿Y qué tal si incluso tenemos la valentía de reconocer que muchas veces esas personas que nos rodean pueden tener necesidades aún mayores a las nuestras?

¿Qué podría pasar si algún día dejamos de pelear tanto por lo que nos parece injusto contra nosotros y cedemos en pro del beneficio común? ¿Qué tal si dejamos de instigar a los demás a ver las fallas de los otros y magnificar el perjuicio que eso nos causa y empezamos a corregir nuestras propias falencias?

Yo creo que el día que empecemos a ponernos en los zapatos de los otros y nos desprendamos de la profunda necesidad de no dejarnos de los demás, posiblemente empecemos a apreciar puntos de vista diferentes y a aprender de la experiencia de los demás.

Estoy convencida de que al quitarnos de encima la necesidad de enrostrarle a los demás lo que nos parece que están haciendo mal y tener una mayor consciencia de nuestra responsabilidad en la sociedad, llegaremos a mejores términos en nuestros procesos de negociación, aprenderemos el valor de ceder en pro del bien común y con seguridad empezaremos a tener menos altercados, menos peleas, menos presión, menos ira y en consecuencia, menos violencia.

Creo que el día en que entendamos la importancia de cumplir con gusto las normas básicas en aras del beneficio común, apreciemos la ley como un mecanismo de defensa de la sociedad y dejemos de admirar la sagacidad de los que obtienen todo por la vía fácil, ese día con seguridad estaremos dando el primer paso para construir una sociedad en la que no sea necesario defendernos de los demás sino vivir en un medio más tolerante y con certeza, mucho más amable para todos.


Victoria Cadavid
Directora & coach de vida - Alfavalue