Más allá de nuestro miedo más profundo

publicado a la‎(s)‎ 18 feb. 2015 9:00 por Usuario desconocido   [ actualizado el 18 feb. 2015 9:02 ]
Por Victoria Cadavid
Coach de Esencia

Una de las reflexiones más inspiradoras que he oído en mi vida es el pasaje del libro “A Return to Love” de Marianne Williamson, sobre nuestro miedo más profundo, inmortalizado en el discurso de posesión presidencial de Nelson Mandela en 1994.

 

En este pasaje se menciona que nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados sino ser poderosos sin medida y se exploran diferentes aspectos de la capacidad humana versus el miedo que nos paraliza y nos impide explotar nuestro potencial y dejar que el mundo se beneficie de eso maravilloso y único que cada uno de nosotros tiene.

 

Una de las cosas que más me entusiasman de ese pasaje es que yo creo firmemente en la forma en que la autora describe nuestra capacidad de mostrar la gloria de Dios que vive dentro de nosotros, y creo que pocas veces he tenido la oportunidad de oír de forma tan clara un reconocimiento a lo que somos los seres humanos.

 

Si bien me parece interesante la idea de que muchas veces no dejamos brillar la luz que hay dentro de nosotros por miedo a no ser capaces o a no tener lo que se necesita, lo que me resulta más alarmante de la condición en que vivimos los seres humanos es que muchas veces ni siquiera llegamos a experimentar ese temor a ser rechazados por ser especiales o ese temor a que otros se sientan inferiores frente a nuestra capacidad, porque sencillamente en la mayoría de los casos ni siquiera somos conscientes de todo lo que hay dentro de nosotros.

 

Me gustaría pensar que el problema es el miedo a ser tan capaces como podemos ser o tan talentosos como podemos ser, pero debo admitir que en el caso de reconocer nuestras habilidades y nuestra capacidad de impactar al mundo e incluso hacer la diferencia en una sociedad que tanto lo necesita, puede que nuestro enemigo no sea el miedo sino la inconsciencia.  

 

Vivimos en un mundo que históricamente nos ha puesto estándares y estereotipos de toda clase, que nos exige que nos adaptemos a lo que se espera de nosotros y nos condena al fracaso si no alcanzamos lo que los demás definen como éxito. Estamos en un mundo dónde la satisfacción personal se deriva de lo que se logre bajo los estándares de otros y atropellamos a los demás y los acusamos por considerar valiosas e importantes cosas que a nuestro juicio individual carecen de sentido práctico al no estar enfocadas en el logro de los resultados o no se adaptan a los estándares que espera la sociedad.

 

Estamos en un mundo que nos acusa al defender nuestras convicciones y en ese devenir de egoísmo y expectativas ajenas carecemos de la capacidad de pensar por nuestra cuenta y del tiempo que se necesita para pensar qué es lo que le podemos aportar al mundo.  Vivimos en una época en la que nos han convencido de que nuestro aporte al mundo es dar lo que el mundo espera de nosotros, pero que lejos nos lleva eso de nuestro propósito real de explorar lo que tenemos para dar y lo maravillosos que podemos ser.

 

A veces parece que dedicar tiempo a identificar lo que nos hace únicos y nos permite hacer la diferencia en el mundo, fuera una tarea infructuosa y una pérdida de tiempo frente  a labores más productivas; parece que nos distrajera de lo que “debemos hacer” en esa carrera hacia el éxito que nos impusieron, sin embrago no dejo de preguntarme, que pasaría con nuestro mundo si las personas valientemente se detuvieran a preguntarse qué tengo de especial que el mundo necesita… Puede que ahí sí experimentemos el miedo de enfrentarnos con todo lo que podemos ser. Ese día creo que por lo menos habremos dado el primer paso.

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